Un cuervo en mis sueños

Cielo violeta, luz oscura, noche blanca, agua floreada y montes aguados. Una niña corriendo por un camino sin fin, escapando del Cuervo gigante que no sabía volar y que maullaba al ritmo de la samba. Corría y corría ahogando el grito de dolor, acumulando las penas y huyendo del terror. Cuervo gris, pico de pato y garras de León, mirada del mal y recuerdos de un pasado oscuro.

Un camino sin fin rodeado del cielo violeta y hojas transparentes. De repente, me abrazan unos brazos suaves y calientes. El Cuervo. Amor, pasión e inocencia. Entonces sentí felicidad, pero el cielo se volvió azul y el Cuervo se transformó en mi gemela malvada.

Una niña corriendo por un camino sin fin, escapando de su parte maligna.

Cae el agua en forma de espiral. Me ahogo y soy un pez. Agua floreada dentro de un estanque, dentro de un acuario, dentro de una casa en el parque. Punto insignificante. Movimientos repetitivos. Me olvidé quién era. Una mariposa rosa negra, peluda, oruga sin vida. Ahora no veo. Todo se vuelve oscuro.

Pequeños puntos de colores. Túnel sin fondo y gritos desesperados.

Una niña corriendo por un camino sin fin queriendo salvar a sus cuervos. Corría y corría ahogando gritos de salvación, mostrando valentía y enfrentando el terror.

Volé y me encontré con mi gemela malvada. Una pesadilla apoderándose. Una niña corriendo por un camino con fin.

Entonces me besaste y desperté. Te abracé y me dijiste: ” tranquila, sólo fue un sueño”. Y te amé.

 

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Blancos recuerdos

Recuerdo que estábamos sentados en el sillón mirando una comedia y no dejábamos de reír. Siempre me gustó tu risa, era particular, aunque ruidosa y se te hacía una mueca rara. Luego decidiste mirar una película de drama, tal vez querías sentir varias emociones, no lo sé, pero pasaste de reír a llorar desconsoladamente. Yo sinceramente no le presté mucha atención porque me gustaba mirarte. A la mitad te dormiste.

¿Te acordás que te despertaste a mitad de la noche pegando un grito porque estabas desorientada y creías que estabas en un hospital? Y te enojaste y lloraste, hasta que te diste cuenta que era nuestro living. No sé qué habrás soñado, pero me asustaste y fui corriendo a abrazarte. Perdón por no llevarte a nuestra habitación, no quería despertarte.

Nuestros días eran sencillos pero especiales. No teníamos muchos motivos para pelear y solo buscábamos pequeñas discusiones o nos molestábamos con bromas, para hacer más interesante el día. Nunca voy a olvidar cuando le puse mayonesa a tu pote de crema facial. No me hablaste por un día. Pero bien que te vengaste después. Sin embargo, un día fue diferente y sacamos un lado que ninguno conocía del otro. Un lado que hubiese preferido no conocer nunca…

No sé por qué decidimos gritarnos y discutir así en un auto. ¿No podíamos esperar a llegar a casa? De esa manera no hubiésemos terminado así.

Ayer salí a caminar y te encontré sentada en una hamaca. Salí a buscarte porque no estabas en casa. Te pregunté qué sucedía y no me respondiste, pero no me importó y respeté tu silencio. Simplemente me senté en la hamaca de al lado y ambos nos quedamos mirando hacia el frente sin decir nada. Estuvimos cerca de veinte minutos así, hasta que te levantaste y te fuiste. Yo te seguí y caminamos un rato. Siempre tuviste mucha elegancia para caminar y los vestidos resaltaban tu figura.

Llegamos a casa y me abrazaste y me pediste perdón. Perdón por no sé qué, aunque te veías muy angustiada y culpable. Me dijiste que no me preocupara, que no había otro (no se me había cruzado por la mente) y que tampoco estabas embarazada. Me reí de forma relajada y te besé. Te dije que todo iba a estar bien y que cuando quisiera me podías decir qué sucedía.

Decidí cocinarte unas papas fritas con queso fundido que tanto te gustaban y te dejé elegir la película para ver esa noche: Alicia en el país de las maravillas. Sinceramente nunca fue una película que me llamara la atención, sin embargo, verla se convirtió en una costumbre de nuestros días. Nunca entendí por qué querías mirarla todo el tiempo, a vos no te gustaba mucho la idea de ver siempre las mismas películas y si no había nada nuevo o nada interesante, buscábamos una serie.

Recuerdo que, al día siguiente, volviste a desaparecer. Me levanté de una siesta y no estabas, tampoco respondías el teléfono. Me preocupé, aunque supuse que te encontrabas en el mismo lugar, por lo que fui a buscarte ahí y, efectivamente, estabas en la hamaca. No obstante, esta vez, tu piel era más brillante y blanca. Toda tu vida fuiste blanca, no es algo que me sorprendiera o sí, ya que estábamos en verano y odiabas verte pálida, todo el tiempo buscabas el sol para tomar un poco de color. Esta vez no te vi preocupada.

Me acerqué y te tendí mi mano. Me miraste, sonreíste y te levantaste. Volvimos a caminar sin decir nada, llegamos a casa, te cociné y miramos la película. Al día siguiente la situación se repitió. Esta vez tu piel estaba aún más blanca, ¿cómo era posible? Y llevabas un sombrero. Odiabas los sombreros. Pero eso no era lo más llamativo, te habían crecido alas o ¿es que me estaba volviendo loco?

Llegué a la hamaca y te acaricié, estabas fría, muy fría. Parpadeé varias veces, pensando que estaba soñando. Quizás estaba viendo demasiado Alicia en el país de las maravillas. Me sonreíste nuevamente y lloraste. Me pediste perdón. Te pregunté por qué te habías puesto alas. Te dije, bromeando, que las fiestas de disfraces no eran en esta época. No te reíste sino que miraste para otro lado, te levantaste, y comenzaste a caminar. Tus pasos eran más suaves, parecía que no tocabas el suelo. ¿Qué me pasaba? Traté de no prestarle atención y continué con nuestra rutina que, a pesar de que a cualquier persona le cansaría, a mi me gustaba cada vez más.

Luego te volviste más transparente, tus alas más potentes y ya no caminabas, volabas o eso parecía. Realmente pensé en ir a un psicólogo, definitivamente me estaba volviendo loco, mas me daba miedo decírtelo. Sobre todo porque me volvía loco por vos.

Un día cambiaste la rutina, me dijiste que no querías comer y preferiste ver lo que yo quisiera. No le presté mucha atención, por lo que comí solo y elegí una serie de comedia. Tenía ganas de ver algo corto y divertido.

Esa noche quise que no durmieras sola en el sillón. Nunca me había preocupado el hecho de que durmieras ahí y no conmigo en nuestra cama. Simplemente te dormías y no me gustaba despertarte. Pero esta vez quise sentirte y me quedé abrazándote toda la noche.

Al despertar, como todos los días, no estabas. Fui a buscarte. Tampoco estabas en el parque. Comencé a desesperarme y corrí sin dirección gritando tu nombre. Las calles estaban vacías y sentía que cada vez se volvían más y más estrechas. Un sentimiento, que nunca antes había experimentado, se apoderó de mí. Sentía que me faltaba el aire, que mis piernas se debilitaban, quería seguir gritando pero no podía. Tenía miedo, mucho miedo. ¿Dónde habías ido?

De repente todo se volvió negro y sentí tanto terror que me tiré y comencé a llorar. Entonces, sentí una mano suave y fría sobre mi hombro. Eras vos con esa sonrisa dulce pero angustiada. Te miré sin poder decir nada y estiré mi mano. No podía tocarte y me desesperé aún más. Me acariciaste, pronunciaste algo que no logré escuchar y te fuiste caminando con esos pasos tan delicados. Yo no pude levantarme, no te pude seguir, no pude decir nada. Sentí que moría.

Pero entonces desperté…Mi madre estaba a mi lado, tenía flores y lloraba.

– Hola má, ¿qué pasa?- le pregunté.

Ella lloró aún más, pero esta vez con una gran sonrisa y me abrazó.

– Creí que no ibas a despertar más, estábamos todos tan preocupados. ¡Ay Dios que felicidad! Voy a llamar a tu hermano.

¿Despertar? No entendía nada y mi cabeza me dolía demasiado como para pensar.

En eso llega mi hermano, también me abrazó. Nunca lo había visto así. Quería preguntarles dónde estábamos y qué había pasado, pero no me animaba. De todas maneras, todos sabemos cómo son las madres y, en seguida, se dio cuenta y me contó.

Tuvimos un accidente de auto con mi pareja. Nos ingresaron en el hospital y ambos quedamos en coma. Ahí me acordé que habíamos discutido, pero claro, eso mi madre no lo sabía. Había sido la peor discusión en todo el tiempo que estuvimos juntos. Sin embargo mi memoria me mostraba junto a ella comiendo papas fritas… ¿Cómo era posible esta situación, si hasta ayer estuvimos juntos haciendo nuestra rutina? Claramente habíamos olvidado ese mal momento.

Pero…ella era un ángel.

El doctor entró sacándome de mis pensamientos y pidió que salieran todos para revisarme. Al parecer estaba todo bien. Había que hacer varios estudios y pronto me darían el alta.

Estuvimos tres meses en coma. Cuando yo desperté, ella dejó este mundo. Vivimos conectados en nuestros sueños durante este tiempo, aunque mientras yo iba despertando, ella iba muriendo. ¿Por qué tuviste que dejarme?

Y en ese momento entendí por qué pedía perdón, por qué estaba tan fría y por qué le habían crecido alas.

Scary

No conozco el calor, el verano, las tardes de pileta, vivo en la ciudad del frío eterno. Todas las mañanas ayudo a mi papá a despejar la nieve de la puerta principal y del caminito. Es un trabajo agotador, pero por suerte me paga, ya llevo ahorrado lo suficiente como para comprarme la guitarra eléctrica. Toco desde los diez, pero siempre tuve interés por las guitarras, aunque nadie sabe de mi pasión, sólo mi familia, claro.

– ¿Estás lista? Se hace tarde- dice mi papá.

Todos los días escucho la misma frase. Realmente detesto decir que estoy lista. La escuela es un infierno para mí, no porque me vaya mal o tenga problemas con los profesores, sino por mis compañeros. Siempre fui una marginada, el único amigo verdadero que tuve se fue a vivir lejos, muy lejos. Lo extraño. Al menos seguimos manteniéndonos en contacto, tal vez venga de vacaciones unos días acá. Lo esperaré con ansias.

Como siempre, último banco, contra el rincón del fondo, donde nadie se percata de mi existencia. Primera hora, geografía con sus millones de ríos que el día de mañana nadie se acuerda. Luego, el receso, momento en el que permanezco en el mismo lugar incorporando auriculares y buena música. Sólo me muevo para ir al baño y cuando llego se produce un silencio incómodo. Todas me miran y empiezan a hablar por lo bajo. No le tomo importancia y sigo con mis asuntos.

Las personas son tan detestables, nunca se fijan en sus errores, cada uno es perfecto, sin embargo, el de al lado es totalmente imperfecto, despreciable y no merece vivir.

La mañana transcurre del aula al baño, del baño al aula. Hasta que, finalmente, vuelvo a casa y sin saludar voy hacia mi habitación, tiro la mochila en mi cama y agarro mi guitarra. De repente, siento una presencia en el cuarto y ahí está, sentado en el sillón, riéndose.

– ¿Tan flaco soy que ni siquiera me ves?- pregunta irónicamente.

Su voz esta cambiada, más madura, todo él esta diferente, realmente hermoso. Seguro tiene a muchas por detrás.

No tardé un segundo más y me lancé sobre él, lo abracé bien fuerte, necesitaba saber que era real después de tantos años. Definitivamente lo era. No podía creerlo, él fue todo en mi corta vida, un amigo incondicional que siempre estuvo para mí. Habíamos sido vecinos desde pequeños hasta que a su padrastro le dieron ascenso en el trabajo. Ahí se mudó y su vida mejoró mucho. Por suerte siempre me tuvo presente, nunca cambió ni se le subió el ego. Todos los meses, a veces todos los días, nos mandábamos mails o nos llamábamos por teléfono.

– Tocá mi canción favorita- pide.

Sin dudarlo agarré mi guitarra y ambos comenzamos a cantar. Pasamos un buen rato poniéndonos al día con nuestras vidas, hasta que se hizo de noche y alguien toca la puerta. Es mi mamá que decide invitarlo a cenar. Él accede y llama a sus padres. Una vez que termina seguimos jugando cartas y otros juegos de mesa.

Llega la hora de comer. Creo que jamás estuve tanto tiempo en la mesa como esta vez. Al chico lo acosan con muchísimas preguntas, pobre, como si no lo conocieran. Bueno, pobre no, su vida perfecta es envidiable.

Al día siguiente decidimos salir a disfrutar de la nieve. Amamos la nieve, todo lo contrario a la mayoría de las personas que viven acá. Jugamos un par de guerritas, hicimos ángeles y finalmente un muñeco de nieve, de nuestro tamaño, al que llamamos “Scary” porque su cara tiene algo especial que da una especie de escalofrío, como si asustara un poco.

Pasamos juntos una semana. Él venía después de que yo terminaba la escuela. Fueron los mejores días, hacía mucho no la pasaba tan bien. Lamentablemente sus vacaciones terminaban y debía regresar.

– Volveré pronto mejor amiga- dijo con total confianza.

Le creí, confié en él y lo abracé fuerte. Saludé a sus padres y finalmente los vi irse de nuevo.

Estaba cansada, así que sin pensarlo fui directamente a dormir sin cenar. Tuve un sueño extraño. Él me tomaba de la mano y me miraba diferente, éramos novios. ¿Cómo es posible que me gustara siendo que podría ser mi hermano? Imposible, pero no dejé el tema atrás y le envié un mensaje. Sentía una sensación diferente que no había experimentado antes, necesitaba saber si todo estaba bien.

Esperé un rato y al ver que no respondía fui a la cocina a desayunar. Quizás se quedó sin batería o eso es lo que pensé.

Mi mamá entra llorando y me abraza produciéndome una especie de miedo. Un mal presentimiento se apodera de mí. Caminé hacia el living, donde se encuentra el televisor encendido en el canal de noticias: “Familia de tres integrantes muere en accidente automovilístico”. Comencé a llorar. Estaba tildada. “Al parecer el conductor no iba en buen estado”. Ahora entendía, el padrastro siempre fue un alcohólico.

Corrí y me tumbé en mi cama. Me encerré por dos días. No quería saber nada con el mundo. Había sido una puntada en el corazón, lo único que me hacía feliz desapareció, ya no tenía ningún amigo, definitivamente.

De pronto se abre la ventana y al cerrarla veo a Scary. Todavía seguía ahí, siempre igual. Agarré mi guitarra, me abrigué y salí. Me senté arriba de un tronco, cerca del muñeco y comencé a tocar “su” canción favorita. Entonces me sentí observada. Giré levemente la cabeza y vi que Scary seguía igual con su sonrisa dibujada, pero cuando dejé de tocar, ésta se transformó volviéndose una línea fina y tensa. Me asusté, dejé todo y regresé adentro. ¿Estaba alucinando?

A la mañana siguiente volví, debía buscar mis cosas. Por supuesto que ahí estaba, como todos los días, intacto, aunque no está igual. Esta vez demuestra tristeza. Pensé, tal vez, que alguno de mis vecinitos podría haber modificado el lugar de las piedras que conformaban los labios. ¿Y anoche? ¿Qué había pasado? Lo miré fijo y como si leyera su mente irreal toqué la famosa canción. Las piedras se reubicaron formando la sonrisa. Me refregué los ojos, tal vez me estoy enfermando. Pero no, definitivamente no podría estar mejor. El muñeco, al ver que dejé de tocar, volvió a su estado original.

– ¿Estás lista? Se hace tarde- dice mi papá, como todos los días, para llevarme a la escuela.

Hora de ir a mi infierno, otra vez. Volví adentro para dejar las cosas, agarré mi mochila y subí al auto. Pensé toda la mañana en lo que había pasado anoche y hoy mientras todos se la pasaron preguntando si me encuentro bien, ¿desde cuándo les importo? Ignoré a todos. Pasó la mañana y ya en casa fui directo a ver al muñeco de nieve. Está como lo habíamos construido. Entonces, sentí algo extraño y surgió la necesidad de hablarle.

– ¿Sos vos amigo, verdad?- pregunto.

Él muestra la sonrisa. Lo sentía ahí, en verdad lo sentía como una reencarnación. Le seguí hablando a pesar de que estaba intacto, al menos conservaba la sonrisa. Dejé de hablar y busqué la guitarra para volver a tocarle la canción. No podía dejar de observarlo, necesitaba ver si se producía hasta el más mínimo cambio, pero sólo cambiaba la posición de las piedras negras.

Así estuve por varios días más, conversando con él y tocando la guitarra. Hasta que una noche me obligaron a hablar en la cena.

– ¿Qué tanto hacés ahí afuera con un montón de nieve? Si seguís así te vas a enfermar- reprocha mi mamá.

Como siempre, exagerando las cosas. No tuve mejor idea que responder:

– Disfruto de la naturaleza, problemas míos. ¿Puedo retirarme?

Lamentablemente mi respuesta no sirvió y me preguntaron si seguía mal por su muerte. Según ellos, mis actitudes no eran normales, necesitaba hacerme amigos, no podía vivir hablando con nieve y más “blablá”. ¿Por qué las personas no se meten en su vida?

Se produjo un silencio por unos minutos, hasta que mi madre interrumpe. Resulta ser que habían llamado de la escuela porque estaban preocupados por mí, últimamente no prestaba atención a las clases y fue por eso que decidieron tener una charla conmigo. Además a ellos les parecía poco normal salir afuera a tocar un instrumento siendo que hacía más frío que en el polo sur. Sin embargo, lo peor de la noche surgió en el momento en que dijeron:

– Te vamos a mandar a un psicólogo.

Ahogué un grito y me levanté de la silla sin emitir palabra y antes de ir a dormir hice le una promesa: nunca iba a abandonarlo y no me importaba que me creyeran loca. Le dije que si le pasaba algo, daba mi vida por él y, entonces, algo impactante ocurre, aparece escrito en la nieve: “Trato hecho”. Pero no me asusté, simplemente sonreí y me dirigí a mi habitación.

No sé en qué momento me subí al auto para ir al psicólogo ni cuándo fue que ya estaba dentro del consultorio. Tampoco sé cómo hizo la psicóloga para lograr que expresara mis sentimientos y hablara de mi vida y mis problemas. No tenía noción del tiempo, sólo hablaba, como si estuviera bajo un hechizo. Continué yendo por dos semanas más sin quejarme. Es más, me gustaba y me caía bien. Sentía que tenía una amiga, a pesar de que esa era su profesión.

Los días pasaban y yo me iba olvidando de Scary. No le daba importancia, lo único que sabía era que mis padres se quejaban porque ellos vivían desarmándolo y los vecinitos lo reconstruían.

Un día se cansaron y decidieron ir a reclamarles, para que por favor, hicieran sus muñecos de nieve en otro lugar. Ellos negaron haber pisado nuestra propiedad e insistieron tanto que mis padres les creyeron. Después de eso, empezaron a sospechar y mantuvieron vigilado al muñeco casi toda la noche. Ese fue el momento en el cual se dieron cuenta de la verdad, ya que Scary cambió su tristeza por enojo y se produjo un temblor. Un temblor tan fuerte que despertó a todos los vecinos, los cuales fueron a ver qué sucedía.

Asustada, mi mamá va a ver si yo estoy bien y, al ver que simplemente miraba un punto fijo, decide empezar a hablar pidiéndome infinitas veces perdón y dándome la razón. No entendía nada y exigí explicación. No podía creer que había olvidado por completo al muñeco y a mi promesa. Maldije a todos por adentro y salí a verlo. Estaba más enojado y no dejé de pedirle perdón, así como hicieron conmigo. Volvió a escribir en la nieve, esta vez la palabra: “Promesa” y posteriormente apareció difusa. Veía sus ojos rojos y ahora tenía boca, con unos dientes filosos y puntiagudos. Se estaba despegando del suelo. Iba a tomar venganza y entonces pensé que iba a matarme. Pero no, primero fue por los vecinos que gritaban desesperadamente, llorando por sus vidas. Comenzaron a sufrir los primeros rasguños y yo simplemente miraba, como si fuese cómplice del muñeco. La maldad se apoderaba de mí. La nieve empezaba a ponerse roja, algunos lograron escapar, otros se desangraron y otros no llegaron ni siquiera a gritar. Mi mamá se dirigió adentro horrorizada y observó todo desde adentro. Había pánico, miedo y decepción en su mirada, mucha decepción hacia mí. La miré con los ojos inyectados en sangre y ella se asombra y con una mano en su boca me señala. Estaba atrás mío y en ese momento pensé que era mi hora. Cerré los ojos y esperé su ataque, entonces, volvió a sorprenderme ya que ahora se dirigía a mi familia. No podía permitir eso y decidí interponerme hablándole con suavidad. Le dije que estaba enamorada, que él había sido todo para mí, la única persona en la que confiaba y con el único que pasaba momentos tan increíbles. Y paró, volvió a su aspecto original y a unirse con la nieve.

Sonrío, voy adentro y encuentro a mi papá llamando a un cura para bendecir la casa y eliminar a Scary. Le grité. No podía y no debía hacer eso. Cerré la puerta de mi habitación con todas mis fuerzas y me puse a tocar la canción en la guitarra una y otra vez. Pasó la noche, sentí la voz del cura, sentí cómo destruían a Scary. No dejaba de llorar, ni de tocar, hasta que me dormí, pero esta vez no volví a despertar, las promesas son promesas y mi vida se fue junto con Scary. Desaparecí, así como desapareció para siempre el muñeco de nieve, así como desapareció para siempre mi mejor amigo.

El pijama

Ella estaba en pijama todo el día
porque era cómodo y no le dolía.
En su casa, en el súper, hasta en el banco,
todo lo hacía en pijama porque era cómodo y no le dolía.
La gente la miraba de arriba a abajo
y se preguntaban si tenía trabajo.
Pero a ella no le importaba andar así todo el día
porque era cómodo y no le dolía.

Pequeña semilla

Pequeña semilla fuiste creciendo entre árboles que doblaban tu edad. Bien chiquita perdida entre hojas que caían en otoño, entre pastos quemados que se volvían verdes cuando caía agua y luego daba el sol.

Pequeña, no te aflijas que hay otras como vos esperando ser grandes árboles o flores hermosas. Sí, algunos crecen rápido y dan naranjas o pólen a las abejas; otros crecen tanto que dan sombra y los pájaros hacen sus nidos en ellos. Hay flores blancas o rosas, pero pinchan para defenderse. ¿Qué importa? Se fuerte, niña, ya crecerás.

Vientos, lluvias. Verano, invierno. Toda una vida, muchas etapas. Fuiste semilla, fuiste una hoja, fuiste una hoja y un tallo. Te di agua, te di sol, te di amor. Cada vez más hermosa.

Hoy das sombra, hoy das vida, hoy sos árbol. Te encontraste con tus hermanos, hiciste amigos, aprendiste a cambiar tus hojas y a renovarlas. También hiciste enemigos: esos que te envidian, que quieren ocupar tu espacio, taparte la vista, lastimarte. Pero ya sos fuerte, ya sos grande, sos valiente, sos mi orgullo.

Niños y niñas corren alrededor tuyo, trepan y sacan tus frutos. Los enamorados se sientan disfrutando tu sombra, mientras los pájaros posan al igual que algunas mariposas. Todos te admiran, todos te envidian.

¿Dónde estás? Te sacaron, ya no sos árbol. No llores, tenés que ser fuerte. Todo cambió, todo es gris. Te llevan enferma, pero aún sos hermosa.

Dejaste una semilla, una semilla pequeñita. ¿Será árbol, será flor? Gracias y adiós mi pequeña.